Devocional día 75: La esperanza en Dios
- Luis Jefferson Tumailla

- 23 jun
- 6 min de lectura
Ten esperanza en Dios cuando sientes que tu vida está detenida
“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” Filipenses 1:6
Introducción
La realidad es que todos llegamos a momentos donde miramos nuestra vida y pensamos: “Señor, ¿Qué está pasando aquí?” Oramos, esperamos, tratamos de obedecer, seguimos caminando, pero por dentro sentimos como si todo estuviera detenido. El carácter todavía está siendo tratado. La respuesta no llega. La puerta no se abre. La familia no cambia. Y el corazón, que a veces es medio inquieto, empieza a hacer cuentas raras, como si el silencio de hoy pudiera cancelar la fidelidad de Dios de ayer. Pero la Palabra de Dios nos llama a mirar con más cuidado. No todo lo que parece detenido está muerto. Hay cosas que Dios está formando en secreto, y aunque nosotros no veamos resultados inmediatos, la esperanza en Dios no descansa en lo que vemos, sino en Aquel que comenzó la buena obra.
Lee la Palabra de Dios
“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” Filipenses 1:6
Reflexiona y ten esperanza en Dios
Como podemos apreciar, Pablo no escribe estas palabras desde la inseguridad. Él dice: “Estando persuadido de esto.” En otras palabras, Pablo estaba convencido. No estaba lanzando una frase bonita al aire, de esas que suenan bien pero no sostienen nada cuando llega la prueba. Él estaba declarando una verdad profunda acerca de Dios y de la obra que Dios realiza en Su pueblo.

Ahora bien, para entender mejor este versículo, tenemos que recordar que Pablo escribe a los creyentes en Filipos con mucho afecto pastoral. No les habla como un extraño.
Les habla como alguien que ha visto la gracia de Dios obrando en ellos, en su fe, en su comunión, en su participación en el evangelio. Y por eso su confianza no estaba puesta en la fuerza de los filipenses, sino en la fidelidad de Dios.
Esa es la clave. Pablo no dice: “Estoy seguro de que ustedes terminarán esto porque son fuertes.” No. Pablo dice que el mismo Dios que comenzó la buena obra, la perfeccionará.
Digo esto porque muchos creyentes viven cansados, y no solo cansados del cuerpo, sino cansados por dentro, porque están tratando de terminar en sus propias fuerzas lo que Dios comenzó por gracia. Y cuando uno trata de cargar lo que solo Dios puede sostener, el alma empieza a crujir como madera vieja bajo demasiada lluvia. Se ora, pero con angustia. Se sirve, pero sin gozo. Se espera, pero mirando el reloj con enojo. Y poco a poco la esperanza se va poniendo flaca, como lámpara con poco aceite.
Pero el texto dice: “el que comenzó en vosotros la buena obra.” Esto nos humilla y nos consuela al mismo tiempo. Nos humilla porque nos recuerda que la salvación no empezó con nosotros. La vida cristiana no comenzó porque un día despertamos más sabios, más buenos, más espirituales, o más dignos. Dios nos buscó. Dios nos llamó. Dios nos dio vida en Cristo. Dios comenzó la obra. Y también nos consuela porque si Dios fue quien comenzó, entonces Dios no abandona Su obra a la mitad del camino.
Preguntémonos algo con sinceridad: ¿Cuántas veces hemos confundido proceso con abandono? Si vemos resultados rápidos, decimos: “Dios está obrando.” Si la puerta se abre, decimos: “Dios está obrando.” Si la situación mejora, decimos: “Dios está obrando.” Pero si el proceso tarda, si la lucha continúa, si Dios nos corrige, si todavía hay áreas del carácter que están siendo quebrantadas, entonces empezamos a pensar que Dios se olvidó. Hermanos, eso no es fe madura; eso es impaciencia con ropa de domingo.
La esperanza en Dios no significa que siempre entendemos el proceso. Tampoco significa que nunca lloramos, o que nunca nos cansamos, o que nunca preguntamos por qué. La esperanza bíblica significa que aun cuando no entendemos todo, seguimos confiando en el carácter de Dios. Él no trabaja como nosotros. Él no mide el tiempo como nosotros. Él no se desespera porque el proceso tarde. Nosotros queremos fruto rápido, pero Dios también trabaja la raíz, y la raíz no siempre se ve.
Esto queda bien claro cuando leemos:
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.” Isaías 55:8
Nosotros miramos pedazos. Dios mira el cuadro entero. Nosotros vemos una página difícil. Dios conoce el libro completo. Nosotros queremos alivio inmediato, pero Dios está formando algo más profundo que alivio. Dios está formando santidad, perseverancia, humildad, dependencia, obediencia y una fe que no se cae cada vez que el cielo guarda silencio.
Ahora, tenemos que tener mucho cuidado. Decir que Dios sigue trabajando no significa que podemos vivir pasivos, descuidados o cómodos en el pecado. Esa sería una mala interpretación, y francamente, una muy peligrosa. La obra de Dios en nosotros no nos llama a dormir espiritualmente, nos llama a responder con obediencia. Dios obra, sí, pero nosotros tenemos que rendirnos. Dios santifica, pero nosotros tenemos que apartarnos del pecado. Dios fortalece, pero nosotros tenemos que caminar en Su Palabra.
Por eso Pablo también dijo:
“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.” Filipenses 2:12
Y enseguida añade:
“porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” Filipenses 2:13
Fíjense bien en esto. Nosotros obedecemos, pero Dios produce. Nosotros caminamos, pero Dios sostiene. Nosotros respondemos, pero Dios trabaja en lo profundo del corazón, allí donde muchas veces ni nosotros sabemos explicar lo que está pasando.
Así que si hoy sientes que tu vida está detenida, no llegues demasiado rápido a conclusiones equivocadas. Puede ser que Dios no te esté deteniendo para castigarte, sino para formarte. Puede ser que la puerta cerrada no sea rechazo, sino dirección. Puede ser que la espera no sea olvido, sino preparación. Puede ser que lo que tú llamas demora, Dios lo esté usando como taller. Y sí, el taller a veces tiene ruido, polvo, herramientas incómodas, y pedazos que parecen fuera de lugar, pero el Maestro sabe lo que está haciendo.
Tal vez tú miras tu vida y dices: “todavía me falta mucho.” Y sí, probablemente es verdad. A todos nos falta. Nos falta amar mejor. Nos falta perdonar con más limpieza. Nos falta hablar con más gracia. Nos falta obedecer con menos excusas. Nos falta morir a la carne. Pero que todavía falte camino no significa que Cristo abandonó Su obra. Una casa en construcción no es basura porque tenga polvo; es evidencia de que alguien está trabajando allí.
Y aquí es donde la esperanza en Dios tiene que afirmarse. No en nuestra perfección presente, sino en la fidelidad de Cristo. No en que nosotros siempre somos constantes, sino en que Él permanece fiel. No en que vemos todo resuelto, sino en que sabemos que el Señor no pierde lo que redimió con Su sangre. Si Cristo comenzó Su obra en nosotros, entonces Su propósito no está colgando de un hilo débil. Está sostenido por Su gracia, Su poder y Su promesa.
Aplicación para Hoy
Hoy tenemos que examinar cómo estamos mirando nuestro proceso. Si solo miramos lo que falta, viviremos frustrados. Pero si miramos al Dios que sigue obrando, podremos perseverar con fe. Esto no significa negar nuestras debilidades. No. Significa llevarlas delante del Señor con humildad y decir:
“Señor, todavía hay áreas en mí que necesitan ser tratadas, pero yo creo que Tú sigues trabajando en mi vida.”
También tenemos que tomar una decisión firme. No usemos la espera como excusa para detenernos espiritualmente. Sigamos orando. Sigamos leyendo la Palabra. Sigamos congregándonos. Sigamos sirviendo. Sigamos confesando el pecado. Sigamos obedeciendo aun cuando no veamos resultados rápidos. La fidelidad no siempre hace ruido, pero Dios la ve.
Antes de terminar este día, lee Filipenses 1:6 en voz alta. Después escribe o piensa en un área específica donde te has sentido detenido. No la escondas. Preséntala delante de Dios. Y luego pregúntate con honestidad: ¿estoy usando este proceso para acercarme más a Cristo, o lo estoy usando como excusa para desanimarme y retroceder?
Conclusión
La esperanza en Dios no es una idea débil para días fáciles. Es una verdad firme para sostenernos cuando la vida parece no moverse. Dios no ha terminado contigo. Pero esa frase no es permiso para vivir igual; es un llamado a perseverar con obediencia, con humildad, con santidad y con fe.
Lo que Dios comenzó, Dios lo perfeccionará. Tal vez el proceso no se ve como tú esperabas. Tal vez ha tardado más de lo que querías. Tal vez todavía hay luchas que te incomodan. Pero si perteneces a Cristo, no estás abandonado; estás siendo formado. Levanta la mirada, vuelve a la Palabra, afirma tus pasos en el Señor, y recuerda esto:
“Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.” 1 Tesalonicenses 5:24





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