Devocional día 69: La Provisión de Dios
- Luis Jefferson Tumailla

- 15 jun
- 3 min de lectura
La mesa que Dios tiene preparado para ti
“Los ojos de todos esperan en ti, Y tú les das su comida a su tiempo. 16 Abres tu mano, Y colmas de bendición a todo ser viviente.” Salmo 145:15-16
La Provisión de Dios – Una mesa puesta a tiempo
Cuando en el ajetreo de la casa, el trabajo y los hijos, a las mujeres se les olvida muchas veces quién es el que realmente sostiene el hogar. Se cargan con la responsabilidad de que “no falte nada”, como si todo dependiera de sus fuerzas. Pero el Salmo 145 nos detiene en seco para recordarnos una verdad preciosa: los ojos de todos miran al Señor, y Él es quien da la comida a su tiempo.

¿Hacia dónde estás mirando hoy?
A veces, nuestras preocupaciones nos hacen caminar con la mirada puesta en el suelo, en la cuenta de banco o en la despensa que se vacía. Sin embargo, el salmista nos invita a levantar el rostro. El texto dice que Dios abre su mano y sacia el deseo de todo ser viviente.
No dice que Él “negocia” con nosotros, dice que Él abre Su mano. Es un acto de generosidad pura, de un Padre que conoce exactamente qué necesitamos antes de que nosotros mismos se lo pidamos.
La provisión en el desierto cotidiano
Muchas de ustedes pueden estar pensando: “Bueno, yo he orado y orado, y todavía no veo la respuesta”. Pero fíjense bien en lo que dice el verso 15: “a su tiempo”.
Nosotros queremos que Dios sea un cajero automático, pero Él es un Pastor. Él sabe cuándo el alimento es más nutritivo para nuestra fe.
Como ya hemos visto en otras ocasiones, la provisión de Dios no es solo pan físico. A veces, lo que más necesitamos saciar es el hambre de paz, de consuelo o de dirección. Esa mano que se abre es la misma mano que fue clavada en la cruz para darnos la mayor provisión de todas: la salvación. Si Dios no nos escatimó a Su propio Hijo, ¿Cómo no nos dará con Él todas las cosas?
Confiar cuando las manos están vacías
El mundo les enseña que deben ser “mujeres empoderadas” que lo resuelven todo solas. Pero el Evangelio nos enseña algo diferente: son mujeres dependientes. El éxito de nuestra vida espiritual no está en qué tan fuerte agarramos nosotros las bendiciones, sino en qué tan abiertos están nuestros ojos para ver la bondad de Dios.
El Señor tiene el propósito de que los hombres usen su fe en Su Palabra. Por lo tanto, antes de darnos algo por misericordia, el Señor nos dice: ‘Cree en Mí, y lo tendrás'.
Conclusión
Hoy te invito, hermano/a, a soltar esa ansiedad que te quita el sueño. Si Dios alimenta a las aves y viste a los lirios, ten por seguro que no se ha olvidado de ti ni de tu familia. Tu deber no es fabricar el milagro, tu deber es esperar con los ojos puestos en Él. Al final del día, lo que realmente nos sostiene no es nuestra capacidad de gestión, sino la mano abierta del Dios Altísimo.
Oración: Señor, perdona mi afán y mi falta de fe. Hoy decido levantar mis ojos a ti y confiar en que tú abrirás tu mano a tu tiempo. Ayúdame a descansar en tu provisión y a ser agradecido por lo que ya me has dado. Amén.





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