Devocional día 67: Verdadera confianza en Dios
- Luis Jefferson Tumailla

- 12 jun
- 3 min de lectura
Habacuc 3
…Horadaste con sus propios dardos las cabezas de sus guerreros, que como tempestad acometieron para dispersarme, cuyo regocijo era como para devorar al pobre encubiertamente... Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar. Habacuc 3:14;17-19
Introducción:
¿Creer o confiar?
Yo no sé a cuántos de ustedes les han hecho esta pregunta alguna vez. Imagina que todos los días miras a un equilibrista pasar un precipicio de un lado a otro caminando sobre un cable. Si alguien te pregunta si crees que él es capaz de pasarlo, tú vas a responder que sí, ya que eres testigo de que lo puede hacer. A esto se le llama creer.

Pero si ese mismo equilibrista te dice que te subas a sus hombros para pasar juntos por el cable… eso, hermanos, es verdadera confianza. Lo mismo sucede con Jesucristo; no basta solamente creer que Él es capaz de hacer milagros, es necesario confiar. Por lo tanto, el verdadero significado de confiar es: entregarse, confiar lo tuyo a alguien. La pregunta que debes hacerte hoy es: ¿Qué tan dispuesta estás a entregar tu vida por completo a Jesús?
La confianza en Dios nace del conocimiento
Resulta ser que la confianza se genera y crece a través del conocimiento. El profeta Habacuc sabía perfectamente de lo que era capaz Jehová Dios. Él recordaba Sus maravillas pasadas: “Horadaste con sus propios dardos las cabezas de sus guerreros, Que como tempestad acometieron para dispersarme” (Habacuc 3:14).
La única forma de llegar a tener confianza verdadera en Dios es no dejándonos dominar por las circunstancias. Aunque muchas veces es difícil. En los dos primeros capítulos de su libro, Habacuc nos muestra una etapa inicial de su vida muy difícil, donde se había dejado dominar por lo que veía.
Esto es normal, lo que no es normal es que nos sigamos dejando dominar. No importa si en algún momento sentimos dudas acerca de lo que podía pasar; lo importante es que nos repongamos y terminemos confiando en que Dios tiene la respuesta.
Confiar cuando no hay frutos
Como ya les mencioné previamente, Habacuc entendió que la confianza verdadera se manifiesta cuando aún no se ve lo que se espera. El verso 17 nos presenta un escenario desolador:
“Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales” Habacuc 3:17
A Dios le agrada cuando un cristiano cree en Él aunque las circunstancias digan todo lo contrario. Jesús mismo lo dijo en Juan 20:29: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”. La confianza nos lleva a regocijarnos aun en medio de las dificultades, porque sabemos que Dios cumple sus promesas. Por eso el profeta concluye: “Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación” (Habacuc 3:18).
Conclusión
Todas las cosas que tenemos, las hemos logrado porque Dios nos preparó para conseguirlas. Para escalar hacia la cumbre del éxito, para superar ese aguijón de la prueba, se necesita tener pies como de ciervas, capaces de andar firmes en las alturas.
El Señor nos promete en Su Palabra: “Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar” (Habacuc 3:19). No importa por la situación que estés pasando, Tu gracia me basta y siempre puedes tener una confianza verdadera en Dios.
Oración: Señor, perdóname por las veces que solo he creído de lejos. Hoy decido tener una confianza verdadera, subirme a Tus hombros y entregarte mi vida por completo, sabiendo que Tú me harás andar firme en las alturas. Amén.




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