Devocional día 66: ¿Qué haces solo mirando?
- Luis Jefferson Tumailla

- 11 jun
- 3 min de lectura
El que al viento observa
El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará. Eclesiastés 11:4
La parálisis de la perfección
Yo no sé a cuántos de ustedes les ha pasado esto, pero muchas veces nos quedamos sentados con un sueño o una encomienda de parte de Dios, pero nos quedamos esperando el momento “perfecto” para actuar.

Pero la Biblia nos confronta con una realidad ineludible: “El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará”.
¿Qué significa realmente “observar el viento”?
Para entender la profundidad de lo que el Espíritu Santo nos quiere decir, debemos mirar el significado original de las palabras. Según el Blue Letter Bible, la palabra hebrea para “observa” es shamar (שָׁמַר – Strong’s H8104), que significa:
Shamar: Guardar, vigilar de manera estrecha, estar cercado o quedar atrapado en la observación.
Cuando el texto dice que el que al viento observa no sembrará, se refiere a alguien que se queda “atrapado” vigilando las circunstancias externas. Es esa tendencia que tenemos las mujeres de analizar tanto los riesgos que terminamos cercadas por el miedo. El aguijón de la indecisión aparece cuando nuestra mirada está puesta en el movimiento de las nubes en lugar de estar puesta en la Palabra del Señor.
Pasos de fe sin mapas visibles
Lo vemos claramente en la vida de Abraham. En Génesis 12, el Señor le ordenó dejar su tierra y su parentela para ir a un lugar que Él le mostraría. Sin coordenadas y sin saber el destino final.
Como ya hemos visto en otras historias bíblicas, la fe no necesita explicaciones detalladas para ponerse en marcha; solo necesita una palabra del Altísimo.
A veces, hermanas, intentamos negociar con el Señor como lo hizo Moisés. Él insistía en que no era el hombre adecuado, que no sabía hablar. Yo no sé si tú te sientes hoy igual: “Señor, no estoy capacitada”. Pero fíjate en la respuesta del Señor en Éxodo 4:12: “Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca”. Como ya les mencioné previamente, no se trata de tu capacidad, sino de Su presencia yendo delante de ti.
El riesgo del palacio y el milagro de la barca
De igual manera, la historia de Ester nos sacude. Ella pudo quedarse cómoda y protegida en el palacio, pero entendió que había llegado al reino “para una hora como esta” (Ester 4:14). ¿Y si aquello que más temes hacer es precisamente lo que Dios quiere usar para cambiar la historia de tu familia?
Incluso Pedro nos enseña que es mejor hundirse intentando caminar sobre las aguas que quedarse seco en la comodidad de la barca. Permanecer “a salvo” resulta cómodo, pero la comodidad puede impedirnos experimentar milagros. El Señor no busca expertas en el clima; Él busca mujeres que confíen tanto en Su soberanía que estén dispuestas a sembrar sus semillas aunque el cielo esté gris.
Conclusión
Hermano/a, no sé qué miedo te tiene paralizada hoy. Quizá sea el temor al fracaso o al rechazo. Pero recuerda: la cosecha no le pertenece a la que analiza las nubes, sino a la que confía en el Dios que controla la lluvia. Da ese paso hoy. Haz esa llamada, inicia ese proyecto, escribe esa página. Sal de la barca, y dile al Señor tu gracia me basta para sostenerte aun si el viento sopla con fuerza.
Oración: Señor, perdóname por esperar el momento perfecto y por confiar más en lo que veo que en lo que Tú has dicho. Dame valor para dar el paso hoy, confiando en que Tú vas conmigo y tienes el control del resultado. Amén.





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