Devocional día 46: Cuando no sientes deseo de orar
- Luis Jefferson Tumailla

- 4 feb
- 3 min de lectura
Actualizado: 12 feb
Devocional cristiano - Tema: ¿Qué hacer cuando no tienes deseo de orar y buscar de Dios?
Lectura bíblica: Mateo 26:41 Reina-Valera 1960
“...el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”
Jesús habló estas palabras en el huerto de Getsemaní, mientras sus discípulos dormían en lugar de orar. No los reprendió con ira, sino con compasión. Les reconoció que sí había una disposición interna, pero también una batalla real: la debilidad de la carne.
Esta escena se repite hoy en muchos creyentes. Sabemos que deberíamos orar, pero a veces no sentimos ganas. Hay momentos en los que doblar las rodillas parece un esfuerzo imposible. Nuestra mente está ocupada, nuestro corazón apagado, nuestra alma cansada. ¿Qué hacer cuando el deseo de orar desaparece?
Cuando no sientes deseo de orar
Hermano, hermana, si estás pasando por una temporada donde no sientes deseo de orar, no estás solo. Esta es una de las batallas más comunes en la vida cristiana. El enemigo lo sabe y por eso ataca ahí: porque la oración es el canal por el cual recibimos fortaleza, dirección y comunión con Dios.
Pero también debemos entender que la falta de deseo no es igual a falta de fe. Muchas veces, es una señal de desgaste espiritual. Como una lámpara que aún tiene aceite, pero cuya mecha necesita ser reavivada. No te condenes por no sentir. En cambio, toma una decisión espiritual: orar, aunque no tengas ganas.
Jesús nos enseñó que la carne es débil, pero el espíritu está dispuesto. Esa disposición es suficiente para empezar. No necesitas una oración larga. No necesitas emociones. Solo necesitas abrir la boca y decir: “Señor, ayúdame a querer orar”. Esa oración, aunque simple, es poderosa.
Hay muchas razones por las que puedes estar en este punto:
Cansancio físico o mental
Pecado no confesado
Desilusión por oraciones “no contestadas”
Rutina espiritual vacía
Dolor interno no sanado
Sea cual sea el motivo, Dios no te rechaza por tu debilidad. Él se acerca a los quebrantados de corazón, y escucha aún los suspiros más silenciosos. La oración no es un examen que tienes que pasar; es una conversación que el Padre anhela tener con vos.
Recuerda esto: no oramos porque sentimos, oramos porque creemos. Creemos que Él nos escucha. Creemos que Su presencia nos transforma. Creemos que, aunque empecemos secos, terminaremos fortalecidos.
No te apoyes en tu emoción; apóyate en la verdad. Y la verdad dice que Dios se manifiesta a quienes lo buscan con sinceridad, aunque sea con una oración débil.
Pablo escribió: “Perseverad en la oración” (Romanos 12:12). Eso implica que habrá momentos en que no será fácil. Pero la perseverancia produce fruto. Cuanto más oras, más hambre de Dios vas a tener. Y cuanto más lo buscas, más claro vas a ver Su fidelidad.
Hoy te animo a hacer esto: aunque no sientas ganas, ora. Aunque sea un minuto. Aunque solo puedas decir: “Aquí estoy, Señor.” Esa obediencia, pequeña en apariencia, mueve el cielo.
Porque la oración no depende de tu fuerza, sino de la gracia de Dios que te sostiene. Y si te falta fuerza, pídele. Si te falta deseo, reconócelo. Dios no busca oración perfecta. Busca un corazón honesto.
Que esta sea tu oración hoy:
“Señor, estoy seco. No tengo ganas, pero creo en ti. Aviva mi corazón, restaura mi deseo. Que tu Espíritu me despierte para buscarte con pasión.”
Y esa oración, amigo, hermana… Dios siempre la responde.




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