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La gracia de Cristo

23 oct
9 min de lectura
Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió a prisa, y le recibió gozoso. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Lucas 19:1–10 RV60
Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. 2 Corintios 8:9

Introducción


Quien no conoce la historia de Zaqueo, el pequeño hombre que experimentó la grandeza de la gracia. En esta historia aparece un hombre “necesitado” por todos los lados: necesidad espiritual (pecado), necesidad interior (vacío), necesidad social (rechazo) y necesidad familiar (una casa marcada por su pecado). Su nombre es Zaqueo. Pero el centro del relato no es lo que Zaqueo logró hacer para ver a Jesús, sino lo que Jesús hizo para encontrarlo, de allí lo dicho por Lucas.

Imagen bíblica realista de Jesús mirando a Zaqueo, quien está subido a un árbol, rodeados de una multitud en una antigua ciudad. El título dorado «LA GRACIA DE CRISTO» destaca en letras grandes en el centro de la imagen.

Esto significa que Cristo no pasa por tu “calle” por accidente: Él sale al encuentro del hombre que no puede salvarse a sí mismo. En este mensaje veremos cómo el llamado de Jesús es personal, urgente y transformador, y cómo su gracia alcanza al hombre cualquiera sea su necesidad.


¿Cuál es el contexto de este pasaje? Jesús, mientras va subiendo a Jerusalén para enfrentar la cruz, le dio la vista al cielo en Jericó, y ahora hará otro milagro en la misma ciudad. Observemos lo siguiente.


En esa ciudad hay un hombre que “procuraba ver quién era Jesús” (versículo 3), pero carga con varios impedimentos: su estatura, la multitud y su reputación.


Y esta es la verdad reveladora de este pasaje: muchos hombres quieren “ver” a Jesús, pero se sienten bloqueados por su vergüenza, su pasado, su pecado, su imagen pública o su incapacidad de cambiar.


De esta manera, algunos hombres aprenden a “subirse” a algo para no enfrentar su realidad: trabajo sin descanso, deporte, entretenimiento, alcohol, redes sociales, éxito, control, o incluso su religión. Desde allí miran de lejos, pero no se dejan tocar.


Pero es aquí donde la gracia de Jesucristo que es para todos te llama a que desciendas y la recibas; esa es la razón Lucas 19:10, el pasaje que define el corazón del evangelio de acuerdo con la visión de Lucas. ¿Cuál es el alcance de la gracia de Jesucristo?


1. La gracias de Cristo es incluyente


a. Jesús iba pasando por una ciudad marcada por su historia (versículo 1)


Si analizamos bien esta historia, Zaqueo sería la persona menos indicada para ser salva. Veamos su trasfondo y su oficio. ¿De dónde venía? De Jericó.


Para muchos judíos, Jericó no era una ciudad “neutra”: su nombre arrastraba memoria y estigma, porque fue la primera gran ciudad cananea derribada por el Señor al entrar Israel en la tierra, y Josué pronunció una advertencia solemne contra su reconstrucción como ciudad fortificada (Josué 6:26; 1 Reyes 16:34).


Con el paso de los siglos, Jericó volvió a poblarse y, en tiempos de Jesús, se había convertido en un oasis próspero (“la ciudad de las palmeras”), con manantiales y agricultura, y además en un punto estratégico de tránsito entre el Jordán y la subida a Jerusalén.


Esa combinación, un lugar con fama manchada y a la vez un lugar con dinero y poder, ayuda a entender por qué allí abundaban publicanos y por qué un “jefe de publicanos” podía enriquecerse.


Y aquí está el punto que orienta nuestro primer pensamiento: si Jesús “iba pasando por Jericó” (Lucas 19:1), entonces la gracia no selecciona ciudades “presentables” ni personas “recomendables”. Cristo entra donde otros no quieren entrar, porque la gracia no excluye.


b. “Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico…” (versículos 2-3)


El nombre “Zaqueo” suele asociarse con la idea de “puro/inocente”. Pero en esto hay una gran ironía, porque la vida de este hombre es todo menos puro e inocente. Y es aquí donde entra la buena noticia: la gracia no te salva por lo que tu vida dice de ti, sino por lo que Cristo hace por ti.


Zaqueo tenía muy mala reputación. Su ocupación se prestaba para estafar, y no es de dudar que sus riquezas fueran el producto de las trampas. Los publicanos eran vistos como colaboradores del poder romano y como “pecadores públicos”. No solo cobraban impuestos: a menudo cobraban de más. Por eso la gente murmura cuando Jesús entra a su casa (versículo 7).


Lucas subraya dos contrastes: Zaqueo “era rico” (versículo 2) y aun así estaba perdido. El dinero puede comprar comodidad, y no puede comprar perdón, paz ni un corazón limpio. El texto menciona que era de pequeña estatura y que la multitud le impedía ver (versículo 3). Esto refleja también una realidad social: muchos lo despreciaban tanto que ni siquiera le abrían paso. Las palabras “procura ver a Jesús” revelan la condición de su alma no satisfecha.


2. La gracia de Jesús te busca en la multitud

“…pero no podía a causa de la multitud…” (versículo 3)

Una inmensa multitud seguía a Cristo, sin embargo, Él se detuvo para llamar personalmente a un hombre de dudosa reputación. La Biblia nos habla de un llamamiento general cuando enfatiza la labor del Padre trayendo a los hombres a Cristo, pero es un hecho que su llamamiento apunta hacia un llamado personal, específico.


Cada uno de nosotros debe recordar ese llamado. Usted pudo haber estado en medio de una gran multitud en alguna casa, en algún templo o en algún estadio… pero desde allí el Señor te llamó por tu nombre.


Es más, a lo mejor estabas solo y el Señor se ocupó de ti. Se nos dice que grandes multitudes seguían a Jesús, pero él hizo llamamientos personales.


Recuerde la manera cómo llamó a los apóstoles, a cada uno por sus nombres. Cuando Jesús llegó al pie del árbol miró hacia arriba, y como él no necesita preguntar por el nombre de las personas, pues conoce a todos por igual, dijo: “Zaqueo…”. Así es como obra el Señor. Su llamado es personal.


El pastor habla a toda la congregación, pero hay una palabra que es para ti, directamente. Pudiera ser que pienses: “Dios tiene asuntos más importantes que yo”. Pero Cristo te conoce y te llama de manera personal.


Aplicación:


Al igual que Zaqueo, muchos no pueden ver a Jesús a causa de la multitud: una multitud de preocupaciones, culpas, hábitos, distracciones y prioridades desordenadas que llenan el corazón y tapan la vista. Hoy el Señor nos llama a apartarnos de esa multitud, y si es necesario, a ‘subirnos’ por encima de ella, para buscarle con sinceridad y dejar que Él nos encuentre.”


3. La gracia de Cristo hace un llamado urgente

“Zaqueo, date prisa, desciende…” (versículo 5)

Cuando Jesús vio a Zaqueo lo primero que le dijo fue “date prisa”. La estatura de este hombre suponía caminatas y corridas de pasos cortos. Bien pudiéramos imaginarnos que Zaqueo era un hombre, a lo mejor por su propio trabajo, calculador, que iba sin “prisa, pero sin pausa”.


Que se había acostumbrado a un sistema de mucha comodidad, producto de sus riquezas. Pero ahora escucha una orden nítida. La voz del joven galileo llenó las ramas del árbol cuando dijo: “Date prisa”.


Es como si le dijera: “Zaqueo has vivido como bien te ha parecido, pero ahora debes correr para arreglar tu vida”. “Has vivido aprovechándote de los demás por el tipo de trabajo que tienes, pero ahora debes tener urgencia para cambiar tu vida”. ¿Se ha dado cuenta cómo el hombre pospone el llamamiento que Jesús hace? Con cuánta facilidad escuchan los hombres una voz interna que le dice: “¡Espera!”.


Cuánta gente ha escuchado al Señor hablarles a su corazón, pero hay otra voz que le habla a su razonamiento, y le dice: “¡Todavía no!”. A lo mejor algún pecado muy mimado a través de su vida no le hace levantar su mano y venir a prisa a entregarse al salvador. En el llamamiento de Cristo jamás existe mañana.


La Biblia simplemente nos dice: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazones, como en la provocación”. Satanás sabía que la palabra “mañana” era la mejor arma que los hombres habían descubierto para lograr que muchos de ellos le acompañaran a su propio infierno.


Note por qué Jesús llamó a Zaqueo tan urgentemente. Al verlo supo que ese hombre era alguien a quien Satanás le había cegado el entendimiento. Era un esclavo del pecado. Y la mirada de Jesús no ha cambiado. Su llamado es al arrepentimiento. Hay que darse prisa, y venir ahora a él.


Aplicación:


La urgencia de Jesús es de misericordia. Él no te apura para avergonzarte, sino para salvarte. El pecado siempre promete “mañana”; Cristo siempre dice “hoy”. Para el hombre necesitado, posponer no es neutral: posponer es endurecer el corazón.


4. La gracia de Jesucristo te acompaña a la casa

“… porque hoy es necesario que pose yo en tu casa” (versículo 5c)

Si la gente que llegó aquel árbol ya estaba sorprendida por la forma cómo Jesús venía tratando aquel “estafador” y de la “mala reputación” lo que ahora hace de llamar a Zaqueo para ir a su casa, tuvo que ser un escándalo mayúsculo. Jesús pudo llevar a este hombre a un genuino arrepentimiento allí mismo.


Él pudo dar alguna orden y algún cambio espectacular hubiera venido. Pero Jesús fue más allá. En su amoroso llamado le dijo que quería ir a su casa. Es más, las palabras “es necesario”, tienen una consideración extrema. ¿Qué había en la casa de Zaqueo que a Jesús le llamó tanto la atención? Vamos a verlo de esta manera.


Primero Jesús tiene un gran interés en su persona y en su familia. Jesús tuvo que saber que ese hombre tenía esposa e hijos. La esposa seguramente sabía de sus trampas y triquiñuelas. Los hijos de ese hombre a lo mejor estaban contaminados con la mentira. La casa de Zaqueo al parecer no era un oasis de amor.


Pero lo más importante es que Jesús fue a la casa de ese hombre sin importar lo que era. Lo mismo hace hoy con nosotros. Él quiere venir a nuestra casa también con su toque de amor. ¿Qué clase de casa tienes? ¿Cómo la has convertido? ¿Es un lugar de pleitos, insultos, mentiras, borracheas? Cualquiera que sea la condición, él te dice: “Hoy es necesario que pose yo en tu casa”. Necesitamos a Cristo en nuestra casa siempre.


Aplicación:


La palabra “pose” quiere decir entrar y sentarse como anfitrión. Jesús no está interesado en una visita rápida a tu casa. A él no le molesta los olores de tu casa. No te va a criticar por los muebles que tienes.


Tenemos este pensamiento en la casa: “Algunas personas vienen a nuestras vidas y se van rápidamente. Pero algunos permanecen por un momento y dejan huellas en nuestros corazones y nunca más seremos los mismos”. Así es la visita de Jesús en el hogar.


5. La gracia de Cristo le da sentido a la vida


La confesión, el arrepentimiento y la determinación del cambio (versículo 8)

Lucas nos muestra el cambio de Zaqueo con una evidencia concreta: su relación con el dinero y con la injusticia. En el versículo 8, Zaqueo se pone en pie y declara públicamente: “He aquí, Señor…”, porque cuando Cristo llega a la vida ya no se vive para ocultar, justificar o negociar; se vive bajo un nuevo Señorío.


La gracia no se queda en emociones: reordena prioridades, rompe la avaricia, sana la conciencia y produce frutos visibles: generosidad (“la mitad de mis bienes doy a los pobres”) y restitución (“si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”).


Eso es lo que sucede cuando Jesús entra: lo que antes era instrumento de pecado se vuelve instrumento de justicia; lo que antes servía para acumular ahora sirve para reparar; y lo que antes destruía relaciones ahora empieza a restaurarlas.


Mi amado, si Cristo ha llegado a tu vida, Él también tocará tu billetera, tus hábitos, tu trato en casa, tu manera de hablar, tus negocios, tu integridad y tu compasión; porque la gracia que salva es la misma gracia que cambia la vida. La decisión de Zaqueo (versículo 8) es la evidencia de un cambio.


Conclusión (versículo 10)


Jesús cierra el relato con una declaración que recoge todo lo ocurrido: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. “Perdido” no es solo el que no sabe dónde está; es el que no puede volver por sí mismo. Zaqueo estaba perdido, aunque era rico, influyente y “capaz”.


Y tú también puedes estar perdido, aunque seas fuerte por fuera. Pero el evangelio anuncia que Cristo vino (iniciativa), a buscar (persecución de gracia), y a salvar (rescate real). Por eso el título de hoy no es un adorno: cuando Jesús te llama por tu nombre, no es para exhibirte, sino para rescatarte.


La Gracia de Cristo significa que Él se hizo pobre para que en su pobreza fueras enriquecido espiritualmente (2 Corintios 8:9). No rechaces su gracia. No es para mañana, es para hoy.


Frase para recordar: La salvación comienza cuando Jesús te encuentra donde estás, pero nunca termina dejando tu vida como estaba.

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